lunes, 23 de octubre de 2017

9 cosas que distancian a tus hijos de ti



Parece que es prácticamente imposible criar a un pequeño niño normal en estos días, con los videojuegos violentos, la obesidad infantil, formas de castigos que unos dicen que son abusivas y otros dicen que son efectivas. Incluso, las cosas buenas que consideramos que estábamos haciendo para nuestros hijos los están arruinando. Analiza la próxima lista y presta atención a cuáles de estos errores estás cometiendo; quizás no te estés dando cuenta de los daños que le estés produciendo a tu hijo en el futuro.

Ser progenitores es una labor bastante difícil, sin dudas. Muchas veces, en el anhelo de disciplinar a nuestros hijos olvidamos conectarnos con sus emociones y empatizar con ellos. Los pequeños son adultos en potencia y precisan ser respetados y escuchados. Nuestro actuar, bueno o malo, quedará grabado por siempre en su vida y es por este motivo que es fundamental elegir de manera cuidadosa las palabras que les afirmaremos y las acciones que emprenderemos.

Analiza la próxima lista y presta atención a cuáles de estos fallos estás cometiendo; quizá no te estés dando cuenta de los daños que le estés produciendo a tu hijo a futuro. Lo importante es tomarlos en cuenta, reparar nuestro error y sanar nuestra relación con tu hijo.

9 cosas que distancian a tus hijos de ti


1- Darles a sus hijos un nombre "creativo"

Deseas que tu hijo sea especial. Existen algunos millones de Daves, Bobs y Johns corriendo por ahí porque tu hijo es especial, por tanto, merece un nombre increíble. Entonces decides nombrar a tu hijo con algo original, como Malcolm,  Dicksmash, McIroncock o bien Ivan.

Mas en la realidad... Según un estudio realizado en la Universidad de Shippensburg, los pequeños que crecen con nombres comunes y populares tienen una mayor probabilidad de transformarse en ciudadanos respetuosos de la ley. El estudio enumera los 10 nombres de chicos malos en los Estados Unidos como: Alec, Tyrell, Garland, Ivan, Ernest, Kareem, Luke, Malcolm, Preston y Walter.

La teoría es que la atención adicional cosechada por nombres raros e infrecuentes puede causar el ridículo y la discriminación en el trabajo o en la escuela. Con lo que, hazle un favor a tu hijo y dale un nombre típico que respete la ley y que sea estable mentalmente.


2-No compartes tiempo con él

Cuando nos dejamos llevar por la barahúnda diaria y no dedicamos una hora en el día para jugar con nuestros hijos o compartir actividades con él, lo estamos alejando. Deja de lados los papeles momentáneamente, apaga tu móvil por media hora, y sumérgete en el planeta de tu hijo. Si es pequeño, juega con él, deja que dirija el juego y déjate llevar. Cuando sea más grande tómate uno o un par de días por semana y comparte alguna actividad, como algún deporte o bien sencillamente siéntate a dialogar con él. Cuando esto sucede a lo largo de los años notarás una preciosa relación que crezca cada día.

3-Le gritas por cualquier cosa

Es normal que levantemos la voz cuando las travesuras de los hijos colman nuestra paciencia. Mas charlar gritando no es algo bueno. Cuando gritas, lo estás enseñando a chillar, y si tu hijo está gritando y tú gritas también diciéndole "no grites" das un doble mensaje. No levantes la voz, mejora tu razonamiento.

4 - No lo escuchas

En estos tiempos donde parecería ser que nunca tenemos tiempo para nada es normal que le digamos a nuestro hijo "ahora no, estoy ocupado/a". No obstante, uno de los puntos claves en la buena relación con tu hijo ha de ser la buena comunicación. Escúchale. Escucha hasta sus cosas más mínimas. Escúchalo desde el momento en que es pequeño y te cuenta cosas de su mundo de niño, hasta cuando ya es grande y necesita un oído adulto para solucionar un inconveniente. Escuchar a nuestros hijos es un enorme puente para mantenerlos cerca de nosotros siempre.

5-Enseñando a ser  ellos mismos

Podrías creer que ... La presión de grupo es lo que hace que los niños fumen cigarros, usen drogas y lean gacetas pornográficas cuando lleguen a la escuela secundaria. Debemos enseñar a nuestros hijos a ser ellos mismos y jamás dar importantcia a lo que piensan sus "amigos".

Mas en la realidad...

¿Te acuerdas de ese pequeño pestilente en la escuela, que jamás se lavó el pelo, no tenía amigos y que una vez se enojó en el merendero de esa fiesta a la que no fue convidado? Ese es tu hijo, sin presión de grupo. 

Una investigación llevado a cabo en la Universidad de Virginia probó que los niños que estuvieron expuestos a la presión de grupo entre las edades de doce y 13 años resultaron estar considerablemente más ajustados que los que no lo estaban. Comprendieron mejor la necesidad de acomodarse y hacer compromisos cuando se encaran a la presión social, en vez de la actitud de "me llevaré la pelota y me voy a ir a casa".

Los pequeños a quienes se les enseñó a ser ellos mismos no importaba lo que no se transformara en adultos rebeldes. En verdad, resultaron menos comprometidos, con problemas sociales y estadísticamente menos inteligentes, sus promedios de calificaciones cayeron también.

Quizás lo más importante es que cuando te importa un bledo cómo te ve la gente, desarrollas una habilidad para leer los cambios más sutiles en los estados emocionales de las personas, lo que lleva por último a un mayor sentido de empatía. En esta era socialmente cibernetica resulta que la presión de grupo en el instante adecuado esencialmente puede darte superpoderes.

6- Lo criticas y ridiculizas

Las críticas destructoras sobre nuestros hijos pueden ser un arma mortal. Los niños esperan de sus padres el reconocimiento, la aprobación, el estímulo. Cuando critiques a tu hijo hazlo de forma edificante y no destructora. Nunca digas "no sabes hacerlo, déjame a mí", sino "sé que puedes hacerlo mejor, inténtalo otra vez"; de este modo estarás poniendo tu confianza en él y esto resultará en una gran autoestima. Por otra parte nunca lo caricaturices en público ni te burles de él. Los niños son muy susceptibles a las burlas, están formando su personalidad. Jamás afirmes nada que lo incomode; perderás su confianza.

7-No lo dejas crecer

Cada niño tiene su tiempo. Cada etapa de la vida es diferente. No te apures ni lo apures. Crecer es parte de la vida. Cuando empujas a tu hijo a hacer algo que no quiere, o bien lo llenas de actividades en la semana porque quieres que no se convierta en "holgazán", no lo dejas medrar. El ocio es esencial de cara al desarrollo de los niños. Un pequeño con tiempo libre es un niño que tiene tiempo para crear, descubrir y explorar. Déjalo jugar de manera libre, y respeta sus tiempos de crecimiento.

Reconsidera tu vida y también procura producir un cambio positivo en el que tus hijos formen parte activa. Es esencial amarlos en cada momento de sus vidas, quererlos hasta cuando estamos enojados. Nuestros hijos necesitan saberse amados, y aparte de decirles día a día un valioso "te amo" acompáñalo de buenas acciones y de esta manera se sentirá admitido, valorado y respetado. No alejes a tus hijos de tí, mantenlos siempre y en toda circunstancia cerca de tu corazón, nunca te arrepentirás; el amor en exceso jamás hace daño. 

8- Los elogios

Podrías meditar ...

Tus padres nunca te dijeron que eras especial.  Pero en la realidad...

Previamente mencionamos que todo el movimiento de autoestima transformó a bastante gente en idiotas, pues emotivamente no pueden manejar a absolutamente nadie con un ego demasiado grande. Además de esto, teorizamos que esto dio origen al movimiento moderno de los idiotas.

9- Háblale de Dios

Los progenitores cristianos forman a sus hijos a fin de que se transformen en adultos responsables. Mas hay una razón más importante: desean que aprendan a querer a Dios con todo su corazón (Marcos 12:28-30).

El Salmos 127:4 afirma que los hijos son “como flechas en la mano de un hombre poderoso”. Acá las Sagradas Escrituras equipara a los hijos con flechas que deben apuntarse bien para dar en el blanco. Un arquero solo tiene la flecha en sus manos unos segundos y, cuando la dispara, ya no la puede recobrar. De forma similar, los progenitores solo tienen unos pocos años para enseñar a sus hijos antes que estos se hagan mayores. De ahí que es tan esencial que aprovechen el tiempo que tienen para educar a sus hijos a obedecer y querer las leyes de Dios.

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